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Fútbol de colegio

diciembre 3, 2007

¡Aaaah! ¡Aquellos entrañables y despreocupados años de colegio! Supongo que han venido a mi mente en estos días en los que toca estudiar mañana y tarde materias bastante menos enriquecedoras de las de entonces (procesadores de lenguajes en mi caso), y, sin embargo y necesariamente, con bastante más ahínco, por desgracia…

Y, cómo no, lo mejor del cole era el recreo, breve periodo (o periodos) ociosos en los que empleábamos nuestro tiempo en las más variopintas actividades. Serán varias las que recordaremos aquí, pero creo que la más apropiada para empezar es el fútbol de patio, cuyas normas no escritas (hasta ahora 😉 ) difieren bastante de las del fútbol de competición. Veamos:

En primer lugar, en el fútbol de colegio, ningún jugador tiene una función clara. Todos atacan y defienden en la misma medida y con la misma fortuna. Salvo en casos muy particulares, no hay ninguna estrategia y, desde luego, ningún jugador tiene asignada una posición fija en el campo (hasta ahora no hay ninguna diferencia sustancial con equipos como el Madrid por ejemplo 😀 ) El caso más extremo es el del portero, casi siempre la función más repudiada por todos los jugadores. Esto llevó a crear la denominación de portero escoba (el portero es el jugador más cercanos a la portería en cada momento) y portero delantero (el portero puede, además, actuar como un jugador de campo más) los cuales se combinaban con frecuencia.

Nunca jamás ha existido la figura del árbitro, por lo que sólo se pitan las faltas en las que ambos equipos están de acuerdo en que lo ha sido (o sea, las que acaban con algún jugador besando el santo suelo y sangrando por la rodilla) No obstante, el resto de faltas no pitadas, podían acumular bastante malahostia en el/los jugador(es) afectado(s) pero esto es fácil de solucionar recurriendo al ancestral método del hostiazolimpio entre los implicados.

Por lo general, y salvo que existan más de dos equipos, el tanteo es una cuestión secundaria. De hecho, muchas veces ni siquiera se hace referencia al tanteo absoluto (“vamos 20-17“) sino que basta con el relativo (“vamos ganando de tres“) La culminación del desprecio que se sentía por el marcador llegaba en los últimos instantes del recreo. Siempre algún jugador pronunciaba aquello de “el que marque, ganó” y si el que anotaba el tanto era un jugador de los perdedores, su equipo se erigía automáticamente como el ganador, sin encontrar objeción alguna a su victoria.

La diferencia de edad entre los alumnos y el escaso número de pistas de fútbol, obligaba en no pocas ocasiones a confraternizar a los alumnos con esa terrible raza amargainfancias denominada Los Mayores. Cuando los chinorros ocupábamos la pista antes que ellos, nunca nos echaban, sino que, en un ejercicio de magnanimidad por su parte, se ofrecían a jugar con nosotros. Sin embargo, a pesar de aparente superioridad, o quizá precisamente por ello, los mayores tenían mucho más que perder y poco que ganar en este enfrentamiento: Su victoria no va a representar ningún mérito, mientras que su derrota puede resultar humillante. La posibilidad de esa derrota es lo que nos espoleaba siempre a enfrentarnos a ellos a pesar de que nos sacasen una cabeza de alto y otra de ancho, y ni siquiera necesitasen recurrir a la regla de hostiazolimpio para demostrar que tenían razón…

Cualquier colegio público que se precie, las pistas de baloncesto se superponen transversalmente a la de fútbol, que incluirá además una de voleibol en su interior (¿Para qué vamos a construir más pistas si podemos presumir de tener una de fútbol, dos de baloncesto y otra de voleibol por el precio de una?) y, aunque no era frecuente, en ciertas ocasiones todas las pistas estaban ocupadas, con lo cual, las pachangas de fútbol y baloncesto degeneraban en un caos en el que no se sabía muy bien a lo que estabas jugando. En cualquier momento podías acabar con un balón de baloncesto en los pies o uno de fútbol en las manos, tras lo cual, en un acto de ira, le propinabas un monumental puntapié para que algún sufrido participante de “la otra” pachanga tuviese que ir a buscarlo a tomar por culo.

Seguiremos recordando el fútbol y otros juegos de colegio, pero ya se me ha ido bastante la olla por hoy 😀